
Cuando los nazis se fueron
Prisioneros de la posguerra
Por Leila Medina
Tres caballos arrastraban su carruaje deprisa. Trataban de escapar de los soviéticos, ignorando que aquellos serían sus últimos momentos de libertad. Bruno, para ese entonces, tenía 12 años y hoy con 88 años aún recuerda aquel día. Él y su familia eran alemanes y vivían del campo, pero cuando acabó la guerra, la ocupación de los aliados les obligó a dejarlo todo y escapar.
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En 1945 las tropas nazis fueron derrotadas, los pocos miembros del estado nazi que quedaban escaparon, y el pueblo alemán fue abandonado a su suerte. Es así que, pese al fin de la guerra, inició una crisis humanitaria de la que no se conoce mucho hoy en día. Hablamos de los campos especiales, creados como una iniciativa aliada, donde se pretendía encarcelar a funcionarios del sistema del Tercer Reich, miembros de la SS y policías de la Gestapo. Sin embargo, junto con ellos, se detuvo a civiles alemanes que no estaban relacionados directamente con el régimen, incluso a niños. Uno de ellos fue Bruno.


Bruno es alemán, nació en 1934 en una familia que se dedicaba a la agricultura. Tenía 3 hermanos, su madre cuidaba a los niños y su padre fue reclutado en 1943 como soldado del ejército alemán. Fue al campo de batalla pese a no ser partidario de los Nazis, poco después sería prisionero de guerra en Estados Unidos.
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Bruno, como casi todo niño alemán, a la edad de 10 años, se unió a la juventud hitleriana, un paso que era casi obligatorio en esa época. Bruno lo describe como los Boy Scouts, o al menos eso es lo que él recuerda del corto tiempo que estuvo en el grupo.
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Tenían actividades como ir de campamento, excursiones, pasar tiempo con sus amigos. Pero, también recuerda que se adoctrinaba a los niños poco a poco, les enseñaban a marchar, les enseñaban himnos y muchos niños que pertenecían a este grupo crecían para convertirse en soldados.
El fin de la guerra: El inicio del terror
Cuando la guerra terminó, su padre era prisionero en Estados Unidos. Al ver que los soviéticos invadían Alemania, la madre de Bruno decidió marcharse con sus hijos al oeste. Lamentablemente, fueron detenidos y como muchos otros civiles alemanes, los llevaron a campos de trabajo donde tenían que realizar labores forzadas. El maltrato, el hambre y la miseria estaban a la orden del día.

Bio
Dejarlo todo atrás
En 1953 Bruno salió de Alemania buscando un mejor futuro y llegó a Canadá, luego se casó y se mudó a Estados Unidos, donde vive hasta hoy.
Han pasado casi 76 años del fin de la guerra y Bruno prefiere olvidar esos días que describe como los peores de su vida. Cuando salieron de aquel campo prefirió dejarlo atrás y no hablar de ello.
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Cuando le pregunto a Bruno sobre el peligro de que algo así se vuelva a repetir o que un gobierno dictador se alce nuevamente como en la Alemania de 1939, me responde preocupado: “Hitler fue elegido por las personas porque teníamos democracia en esa época en Alemania, y el uso los mismos trucos que, espero no meterme en problemas, pero Trump estaba en camino de hacer lo mismo: Derrocar al gobierno democrático y convertirse en dictador."


Con la memoria aún fresca de aquellos días donde no sabía si sería libre y muchos años de experiencia a cuesta, Bruno termina con recordarme que siempre existirán personas que buscan tener el control sobre otras y recalca que la guerra solo deja ruinas, recordando el estado de su país en 1953 cuando decidió marcharse.
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Aunque el infierno de Bruno terminó hace casi 74 años, su testimonio y experiencia es igual de actual, en un mundo en el que los gobiernos extremistas están en aumento y recordar el pasado nos viene bien para evitar errores que nos puedan llevar a repetirlo.